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Jornada Mundial de las Misiones 2026: 100 años del Domund y el mensaje del Papa León XIV

Iglesia misionera blanca al amanecer sobre una colina, con custodia dorada, velas encendidas y un globo terráqueo en primer plano

Este domingo 18 de octubre la Iglesia en todo el planeta celebró algo muy especial: se cumplieron cien años de la Jornada Mundial de las Misiones, la cita que en muchos países conocemos simplemente como el Domund y que cada año nos recuerda que evangelizar no es tarea de unos pocos, sino vocación de todos los bautizados.

En Redención FM nos unimos a esta celebración centenaria contándote su historia, el mensaje que el papa León XIV preparó para este 2026 y las palabras que el propio Pontífice dedicó hoy a las misiones durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro.

Un centenario recordado por el Papa en el Ángelus de hoy

En medio de su primera aparición pública tras recibir el alta hospitalaria, León XIV no quiso dejar pasar la fecha. Al dirigirse a los peregrinos reunidos en Roma, el Santo Padre invitó a pensar en todo el camino misionero recorrido durante estos cien años y a pedir que la Iglesia permanezca siempre fiel al mandato del Señor resucitado de llevar la buena noticia a toda la creación.

No fue un detalle menor. El Papa vive estos días su propia recuperación después de la cirugía pulmonar del 13 de octubre, y aun así quiso poner el acento, en este domingo tan señalado, no en sí mismo, sino en los miles de hombres y mujeres que entregan su vida anunciando el Evangelio en los rincones más lejanos y difíciles del mundo.

1926: el año en que Pío XI instituyó la Jornada

La historia de esta celebración arranca hace exactamente un siglo. En 1926, el papa Pío XI decidió establecer una jornada anual dedicada por completo a las misiones, aceptando la propuesta que le había presentado la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

La idea era sencilla y, a la vez, revolucionaria para su tiempo: dedicar un domingo al año —el penúltimo de octubre, el mes misionero— para que todas las parroquias, sin excepción, rezaran por los misioneros, despertaran vocaciones y reunieran una colecta común. Ese fondo, administrado en nombre del Papa por las Obras Misionales Pontificias, se reparte después de forma equitativa entre los territorios de misión, para que ninguna Iglesia joven quede abandonada a su suerte por falta de recursos.

Desde entonces, generación tras generación, esa colecta ha sostenido seminarios, escuelas, dispensarios, iglesias y comunidades enteras en África, Asia, Oceanía y también en amplias zonas de América Latina.

«Uno en Cristo, unidos en la misión»: el lema de León XIV para 2026

Para este centenario, León XIV eligió un lema que resume su mensaje: «Uno en Cristo, unidos en la misión». El Pontífice lo conecta con la oración de Jesús en la última cena: «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (Jn 17,21).

Su razonamiento es claro y muy actual. La misión no nace de una estrategia ni de un plan de comunicación: nace de la unión con Cristo. Cuanto más unida está una comunidad a Él, más unida vive entre sus miembros, y más creíble se vuelve su anuncio. Por eso el Papa pide superar las divisiones y los enfrentamientos internos entre los seguidores del único Señor, y trabajar con corazones reconciliados y disponibilidad generosa.

El mensaje papal también agradece el servicio de las Obras Misionales Pontificias —Propagación de la Fe, Infancia Misionera, San Pedro Apóstol y Unión Misional—, un servicio que, como él mismo ha contado, conoció de cerca durante sus años de ministerio en Perú, tierra a la que volverá, si Dios quiere, en su próximo viaje apostólico de noviembre.

Paulina Jaricot: la laica que encendió la chispa

Detrás de la Propagación de la Fe hay una historia que vale la pena rescatar en este centenario: la de la beata Paulina Jaricot, una joven laica francesa del siglo XIX que tuvo una intuición luminosa. Si cada creyente aportaba una pequeña cantidad de forma regular y rezaba cada día por las misiones, entre todos podrían sostener a quienes partían lejos.

Aquella red de pequeños grupos de oración y de ayuda se extendió por el mundo y se convirtió en una de las obras de solidaridad más grandes de la Iglesia moderna. Su ejemplo enseña algo que el Domund repite cada año: no hace falta ser rico ni partir a otro continente para ser misionero; la misión también se sostiene desde casa, con la oración fiel y con una generosidad constante, aunque sea modesta.

Más de mil territorios que esperan nuestra ayuda

Las cifras ayudan a entender la dimensión de esta obra. Las Obras Misionales Pontificias hablan de más de 1.100 territorios de misión repartidos por el mundo, comunidades donde la Iglesia está naciendo o creciendo en medio de la pobreza, la persecución o la falta de sacerdotes y de medios básicos.

Allí, los misioneros y misioneras no solo celebran la fe: levantan aulas, acompañan enfermos, defienden a los más débiles y siembran esperanza donde a veces parece que no queda ninguna. El Papa, en su mensaje de este año, los compara con san Francisco Javier, que dejó su tierra, su familia y sus seguridades para anunciar a Cristo, y pide oraciones por nuevas vocaciones misioneras, evocando también a san Francisco de Asís y a santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones sin haber salido nunca de su convento.

Todos somos misioneros, cada uno desde su lugar

Si algo deja claro este centenario es que la misión no es un departamento de la Iglesia, sino su identidad misma. El sacerdote y la religiosa que parten lejos, la catequista de barrio, los padres que transmiten la fe a sus hijos, el enfermo que ofrece su dolor, el joven que da testimonio con alegría: todos participan, cada uno según su vocación, de la misma y única misión.

Por eso la Jornada de hoy nos invita a tres gestos concretos: rezar por los misioneros y por las comunidades que acompañan, colaborar con generosidad en la colecta del Domund según las posibilidades de cada familia, y revisar nuestro propio testimonio allí donde el Señor nos ha puesto, empezando por la casa, el trabajo y el barrio.

Que el fuego misionero no se apague

Cien años después de aquel 1926, el mandato sigue intacto y la necesidad también. En Redención FM damos gracias a Dios por cada misionero y misionera, conocidos y anónimos, que han entregado su vida para que otros conozcan el amor de Cristo, y nos sumamos a la oración del Papa: que la Iglesia permanezca fiel, unida y en salida.

Uno en Cristo, unidos en la misión. Que el Señor bendiga a nuestros misioneros, fortalezca a las Iglesias jóvenes y renueve en cada uno de nosotros el fuego de anunciar el Evangelio con alegría.

Por Redención FM

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