Un pequeño amuleto de plata de apenas 3,5 centímetros, hallado en una tumba romana de Frankfurt, guarda la confesión de fe cristiana más antigua encontrada al norte de los Alpes: «¡Santo, santo, santo! ¡En el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios!».
Un tesoro escondido junto a la barbilla de un cristiano del siglo III
La pieza apareció en 2018 durante las excavaciones de la antigua ciudad romana de Nida, hoy parte de Frankfurt, en Alemania. Estaba colocada bajo la barbilla del esqueleto de un hombre enterrado entre los años 230 y 270 después de Cristo, como lo llevaban los fieles de la época: colgando del cuello, sobre el pecho, como protección y como testimonio.
El amuleto es en realidad una pequeña cápsula de plata. En su interior, enrollada con sumo cuidado, los arqueólogos encontraron una finísima lámina del mismo metal. Estaba tan plegada y deteriorada por el paso de 1.800 años que abrirla físicamente habría significado destruirla para siempre.
La tecnología que «desenrolló» la lámina sin tocarla
El avance decisivo llegó en 2024, cuando el equipo del Centro Leibniz de Arqueología (LEIZA), en Maguncia, sometió la pieza a un escáner de tomografía computarizada de última generación. Con las imágenes en alta resolución crearon un modelo tridimensional y «desenrollaron» la lámina de forma virtual, segmento a segmento, sin dañar el original.
Sobre esa reconstrucción, el profesor Markus Scholz, de la Universidad Goethe de Frankfurt, logró unir y traducir las 18 líneas del texto. La sorpresa fue enorme: la inscripción está escrita íntegramente en latín —algo inusual, porque los amuletos de la época solían redactarse en griego o hebreo— y su contenido es puramente cristiano, sin mezcla de ningún otro culto.
Lo que proclama la inscripción
El texto comienza invocando a san Tito, el discípulo del apóstol san Pablo, y continúa con una de las aclamaciones más antiguas de la liturgia: «¡Santo, santo, santo!». Después proclama: «¡En el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios! El Señor del Mundo resiste todos los ataques… Este medio de salvación protege a la persona que se entrega a la voluntad del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, ya que ante Jesucristo se dobla toda rodilla: los celestiales, los terrenales y los subterráneos, y toda lengua confiesa a Jesucristo».
Esas palabras finales son una cita casi literal de la carta de san Pablo a los Filipenses (2, 10-11), el mismo himno que la Iglesia sigue proclamando hoy. Que un fiel anónimo del siglo III las llevara grabadas sobre el pecho demuestra que la fe en la divinidad de Jesús ya se vivía y se cantaba en las comunidades del norte del Imperio mucho antes del Concilio de Nicea.
Por qué este hallazgo cambia la historia
Hasta este descubrimiento, toda la evidencia fiable de vida cristiana en la región septentrional de los Alpes databa del siglo IV, es decir, al menos 50 años después. La inscripción de Frankfurt adelanta esa frontera medio siglo y confirma que ya en el siglo III había comunidades que confesaban a Cristo con una fe madura, litúrgica y profundamente bíblica.
La responsable de Cultura y Ciencia de Frankfurt, Ina Hartwig, lo resumió así al presentar el hallazgo: es un descubrimiento extraordinario que afecta a muchas áreas de investigación y mantendrá ocupada a la ciencia durante mucho tiempo. La pieza se exhibe en el Museo Arqueológico de Frankfurt.
Una oración que atraviesa los siglos
Hay algo que conmueve especialmente en este amuleto: su dueño no lo llevaba como adorno, sino como oración. En tiempos en que confesar a Cristo podía costar caro, aquel cristiano quiso que, pasara lo que pasara, las palabras «Santo, santo, santo» estuvieran sobre su corazón. Mil ochocientos años después, su testimonio salió a la luz para recordarnos que la fe de la Iglesia es antigua, valiente y viva: la misma que hoy seguimos cantando en cada Misa.
Fuentes: Museo Arqueológico de Frankfurt y Centro Leibniz de Arqueología (LEIZA); Universidad Goethe de Frankfurt; cobertura de Smithsonian Magazine, Infobae y agencias sobre la presentación oficial del hallazgo.
Imagen de portada: ilustración de un antiguo amuleto de plata romano con su lámina grabada.
Por Redención FM


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