Redención FM
EN VIVO - Redención FM
Música • Evangelio • Oración

Milagro Eucarístico de Buenos Aires: la Hostia que los análisis estudiaron como tejido de corazón

 

Custodia dorada sobre un altar con velas encendidas en el interior de una iglesia histórica de Buenos Aires al atardecer

Este domingo el Papa León XIV llegará a Buenos Aires, una ciudad donde la fe guarda un signo extraordinario: en 1996, una Hostia consagrada se transformó en una sustancia sanguinolenta que científicos estudiaron durante años. Este es el reportaje del llamado Milagro Eucarístico de Buenos Aires.

Agosto de 1996: una Hostia caída en la parroquia Santa María

Los hechos ocurrieron en la parroquia Santa María, en Buenos Aires, durante el mes de agosto de 1996. Según el relato recogido por la Exposición Internacional de los Milagros Eucarísticos, el proyecto que el joven Carlo Acutis —hoy santo— dedicó a documentar estos signos en todo el mundo, una Hostia consagrada fue hallada en el fondo de la iglesia, ya no apta para el consumo, durante una celebración en la que el padre Alejandro Pezet daba la Comunión.

Como manda la prudencia de la Iglesia en estos casos, el sacerdote recogió la Hostia y la depositó en un recipiente con agua dentro del sagrario, esperando que se disolviera. Pero ocurrió lo contrario. El lunes 26 de agosto, al abrir el sagrario, la Hostia no se había disuelto: se había transformado en una sustancia sanguinolenta, una especie de fragmento de carne con sangre.

No era el primer signo en aquella parroquia: la misma exposición de Acutis documenta manifestaciones anteriores en 1992 y 1994, en las que Hostias consagradas también presentaron trazos de sangre. El de 1996, sin embargo, sería el más estudiado de todos.

Bergoglio ordenó fotografiarla e investigarla con discreción

El párroco informó de inmediato a monseñor Jorge Mario Bergoglio, entonces obispo auxiliar de Buenos Aires y años después Papa Francisco. Su reacción marcó el camino de todo lo que vino después: ni publicidad ni sensacionalismo. Bergoglio dio instrucciones de que la Hostia transformada fuera fotografiada por un profesional —las imágenes se tomaron el 6 de septiembre de 1996— y de que el hecho se custodiara con discreción.

Durante años, el entonces arzobispo evitó que el caso ocupara los titulares. Quienes conocen la historia cuentan que prefería hablar de un «signo» que Jesús había dejado al pasar, para compartirlo con quien quisiera acercarse a adorarlo, no para convertirlo en espectáculo. Pero la discreción no fue indiferencia: al constatar que el fragmento no mostraba descomposición visible con el paso del tiempo, Bergoglio decidió someterlo a análisis científico.

Los análisis: el doctor Castañón y una muestra enviada a Nueva York

A partir de octubre de 1999, el doctor Ricardo Castañón Gómez, neuropsicólogo boliviano dedicado al estudio de estos fenómenos, coordinó nuevas pruebas por encargo del cardenal Bergoglio. Una muestra del fragmento fue enviada a laboratorios en el extranjero, sin revelar su procedencia, como se hace en las pruebas «a ciegas» para no influir en los resultados.

Los primeros informes hablaron de células humanas de sangre y de tejido de corazón humano. En el año 2000, un laboratorio genético informó de la presencia de ADN humano en la muestra, aunque no pudo obtenerse un código genético completo. La sangre fue clasificada dentro del grupo AB, el mismo tipo que los estudios han reportado en otros signos eucarísticos célebres, como el de Lanciano, en Italia.

El veredicto del doctor Zugibe: «un corazón vivo»

El momento más citado de la investigación llegó en 2004, cuando una muestra fue entregada, también sin ninguna información sobre su origen, al doctor Frederick Zugibe, reconocido cardiólogo y patólogo forense vinculado a la Universidad de Columbia, en Nueva York. Su conclusión, presentada en 2005, dejó atónitos a los presentes.

Zugibe determinó que el material analizado era un fragmento del músculo del corazón, de la pared del ventrículo izquierdo, el encargado de bombear la sangre a todo el cuerpo. Añadió dos datos que la ciencia no lograba explicar: el tejido estaba inflamado y contenía numerosos glóbulos blancos, señales de que el corazón estaba vivo en el momento de tomarse la muestra y de que había sufrido un fuerte traumatismo, como un golpe severo en el pecho. Según su testimonio recogido en la investigación, los glóbulos blancos no podrían haber sobrevivido en un tejido conservado en agua durante años.

Solo después de entregar sus conclusiones se le reveló el origen de la muestra: una Hostia consagrada de 1996. Su reacción, según relataron los testigos australianos que acompañaron el proceso, el periodista Mike Willesee y el abogado Ron Tesoriero, fue preguntar cómo era posible que unas células tomadas de una persona muerta se movieran y latieran bajo su microscopio.

Cómo lo presenta la Iglesia: un signo para adorar, con prudencia

Conviene decirlo con claridad, como lo hace la propia Iglesia: estos signos no son un dogma de fe ni obligan a creer a nadie. La fe católica en la presencia real de Cristo en la Eucaristía no depende de un laboratorio. Lo que la Iglesia hace ante hechos así es custodiarlos, estudiarlos con prudencia y, sobre todo, ponerlos al servicio de lo esencial: la adoración eucarística y la conversión del corazón.

Por eso la comunidad de la parroquia Santa María, acompañada por su arzobispo, decidió compartir el relato de los hechos en encuentros de narración y adoración, y por eso Carlo Acutis incluyó Buenos Aires en su exposición mundial de milagros eucarísticos, que hoy recorre parroquias de todos los continentes llevando a miles de jóvenes ante el Santísimo.

Un signo que espera al Papa en Buenos Aires

Hay una coincidencia que emociona a muchos fieles argentinos en estos días. El Papa que ordenó investigar aquel signo con discreción y rigor fue el porteño Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. Y este domingo 8 de noviembre, su sucesor, León XIV, llegará a Buenos Aires dentro de su gira por Sudamérica, a una ciudad que guarda en un sagrario la memoria de aquel agosto de 1996.

Más allá de los informes de laboratorio, el mensaje del signo es el de siempre: el Señor se queda con su pueblo en la Eucaristía, con un corazón que —dicen los análisis— aparece herido y vivo a la vez, como el de un Dios que sufrió por amor y que sigue latiendo en cada altar. Ante ese misterio, la respuesta de la Iglesia no es el ruido, sino la adoración.

En Redención FM te invitamos a prepararte para la llegada del Papa a Argentina con un momento de adoración eucarística en tu parroquia esta semana, ofreciéndolo por el fruto de su viaje y por la paz en América Latina. «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo», dice el Señor; Buenos Aires, en 1996, sintió esa palabra de una manera que todavía hoy sobrecoge.

Por Redención FM

0/Post a Comment/Comments