El Papa León XIV presidió este miércoles 4 de noviembre, a las 10:00 en la Plaza de San Pedro, su última audiencia general antes de partir este viernes hacia Sudamérica. Ante peregrinos de Italia y de todo el mundo, dedicó su catequesis a la dimensión social de la fe y afirmó: «El corazón de la economía es el trabajo».
La fe y la vida social, política y económica
La audiencia se enmarca en el ciclo sobre los documentos del Concilio Vaticano II. Esta vez el Pontífice reflexionó sobre los capítulos III y IV de la segunda parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes, dedicados a la vida económica y social y a la comunidad política, con un énfasis especial en la paz. «La dimensión social forma parte integrante, no solo de la naturaleza humana, sino también de nuestra fe en Jesucristo, como valiosa herencia que recibimos de la encarnación del Hijo de Dios», enseñó, recordando que también en estos campos la fe ofrece criterios de discernimiento.
León XIV recogió la advertencia de los Padres conciliares sobre «el peligro para la paz mundial que deriva de los desequilibrios vinculados a un desarrollo económico que no es equitativo y que no respeta la creación» (cf. GS, 63). Es una visión, dijo, que hoy constatamos aún más, y para corregir la ruta no basta el desarrollo técnico: «son necesarias muchas reformas en la vida económico-social y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos». Subrayó además que son «más actuales que nunca los llamamientos a comprometerse para eliminar las discriminaciones contra los grupos sociales más débiles y contra los migrantes» (cf. GS, 66), y presentó la visión cristiana del desarrollo, que «debe estar siempre al servicio del hombre y bajo el control del hombre» (cf. GS, 64-65), en la línea del desarrollo integral de la encíclica Populorum progressio (1967) de san Pablo VI.
«El corazón de la economía es el trabajo»
El pasaje central de la catequesis estuvo dedicado a la dignidad del trabajo. «El corazón de la economía es el trabajo. A través de él, el hombre se desarrolla como persona, satisface las necesidades de su familia, expresa su propio talento, participa en la vida social y construye un mundo mejor colaborando en la obra creadora de Dios», afirmó el Santo Padre. Y añadió con claridad: «El trabajo nunca puede ser tergiversado en detrimento de las personas, del bien común o de la creación».
Para el Pontífice, el verdadero desafío es ofrecer a todos oportunidades de poner en práctica sus capacidades: «no son aceptables la desocupación, la explotación y las condiciones de trabajo que ponen en peligro la salud y la propia vida» (cf. GS, 67). Recordó además que los trabajadores tienen el derecho y el deber de participar en las decisiones que afectan a su actividad, afrontando los conflictos con diálogo y acciones no violentas (cf. GS, 68).
El destino universal de los bienes y el bien común
El Papa recordó después el destino universal de los bienes de la tierra (cf. GS, 69), principio fundamental del magisterio social, aplicado también al campo financiero: los responsables de las inversiones y de la vida económica deben vigilar para que se provea de lo necesario para una vida decente a cada persona y a toda la comunidad, con un justo equilibrio entre las necesidades actuales y las de la generación futura (cf. GS, 70).
Sobre la comunidad política, León XIV reafirmó que esta existe en función del bien común, entendido como «el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección» (GS, 74). Recordó también que «la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno», pero ambas están al servicio de la vocación personal y social del hombre (cf. GS, 76).
Construir la paz y formar en la doctrina social
«Comprometerse en la economía y en la política según estos criterios es un modo de construir la paz», concluyó el Papa, citando a Fratelli tutti: «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad» (FT, 261). Al contrario, «la política que cuida de las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias ofrece motivos de esperanza». En sus saludos, al recordar a los cardenales Wyszyński y Mindszenty, que sufrieron prisión, subrayó que la paz se construye sobre la justicia, el respeto a la ley y el diálogo, y no sobre la violencia. Y renovó su exhortación a las comunidades cristianas «para que se impulse de nuevo la formación sobre la doctrina social de la Iglesia».
El Santo Padre recordó también que este sábado se celebrarán dos beatificaciones: en Antigua, Guatemala, la de Augusto Rafael Ramírez Monasterio, sacerdote franciscano asesinado por odio a la fe en 1983, y en Santander, España, la de Francesco González de Córdova junto con setenta y nueve compañeros que derramaron su sangre por amor a Cristo durante la persecución religiosa del siglo pasado en España.
Antes de la audiencia: el encuentro con el presidente de Chile
Esa misma mañana, antes de la audiencia general, el Santo Padre recibió en el Palacio Apostólico al presidente de Chile, José Antonio Kast Rist, quien después se reunió con monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados. Según el comunicado de la Santa Sede, en las cordiales conversaciones «se destacaron las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Chile y se hizo referencia a la importante contribución de la Iglesia católica a la vida social del país, así como a la vida espiritual, a través de la religiosidad popular», y se abordaron cuestiones de interés común, «con especial referencia a las migraciones y el declive demográfico».
Tras la audiencia, que se prolongó unos 40 minutos, el presidente Kast explicó a los medios que fue «una muy buena reunión» y que el Santo Padre le manifestó su cariño por Chile, su preocupación por la paz y su interés por la familia y la natalidad. El mandatario entregó al Papa una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de Chile, y el libro La Edad Media en Chile, del padre Gabriel Guarda.
«Me encomiendo a sus oraciones»: rumbo a Sudamérica
El momento más esperado de los saludos llegó con los peregrinos de lengua española. «El próximo viernes partiré hacia Sudamérica, para visitar Uruguay, Argentina y Perú. Me encomiendo a sus oraciones, para que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría. Que Dios los bendiga. Muchas gracias», dijo el Pontífice. En su saludo en italiano pidió también que lo acompañen con la oración «para que el Señor bendiga esta misión en esos países que tanto quiero».
El viaje apostólico, el sexto de su pontificado, se desarrollará del 6 al 17 de noviembre —Uruguay del 6 al 8, Argentina del 8 al 11 y Perú hasta el 16—, apenas tres semanas después de su operación de pulmón, y la audiencia concluyó con el Padre Nuestro y la bendición apostólica. Desde Redención FM nos unimos a ese pedido: que el Señor acompañe al Santo Padre y haga de este viaje un impulso de esperanza para toda América Latina.


Publicar un comentario