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Papa León XIV en Montevideo: defiende la vida y la familia ante las autoridades y pide a los obispos del mundo rezar y ayunar por las vocaciones

El primer día del Papa León XIV en Uruguay se cerró este viernes 6 de noviembre con dos intervenciones que se complementan: en la Plaza Independencia habló al país ante sus autoridades, y ya de noche, en la Catedral Metropolitana, habló al corazón de la Iglesia. Vatican News informó que unas 30.000 personas participaron en el encuentro de la plaza, donde el presidente Yamandú Orsi encabezó la ceremonia oficial de bienvenida.

La autoridad, al servicio del bien común

El Santo Padre tomó como punto de partida el monumento que preside la plaza, dedicado al Éxodo del Pueblo Oriental y a la figura de José Gervasio Artigas. Desde esa memoria histórica, presentó la autoridad pública como un servicio que se ejerce en favor de todos y de las generaciones que vienen, y no como un poder para sí misma. En ese marco valoró también el cuidado de los bienes recibidos, entre ellos los recursos naturales: recordó que Uruguay transformó su matriz eléctrica hacia fuentes casi totalmente renovables, un ejemplo de cómo un pueblo puede transmitir a sus hijos un patrimonio mejor cuidado.

Uruguay es, además, sede de la Secretaría del Mercosur, y el Pontífice leyó ese dato como una vocación concreta de entendimiento regional: en un tiempo en el que las diferencias se convierten con facilidad en enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, en la negociación y en la búsqueda paciente de acuerdos es un servicio que este país puede seguir ofreciendo a sus vecinos.

La vida que comienza y la familia

El pasaje más citado del discurso fue su defensa de la vida naciente. El Papa sostuvo que quien todavía no ha nacido ya pertenece a la familia humana y al futuro de su pueblo, y que su dependencia absoluta de la madre no disminuye ni su dignidad ni la protección que merece; recordó, además, que el mismo Jesús quiso asumir esa condición al encarnarse. Esa acogida de la vida nueva —añadió— pide el compromiso del padre junto a la madre y unas condiciones sociales que permitan a las familias criar y cuidar a sus hijos.

De san Juan Pablo II retomó una convicción que resume su mirada: «el futuro de la humanidad se fragua en la familia». Por eso describió la familia como el primero y más importante de los bienes que una sociedad ha de transmitir, el lugar donde la persona es acogida y aprende a convivir. Y extendió el razonamiento a los mayores y a los frágiles: el valor de una persona no se mide por lo que produce ni por su autonomía.

Trabajo, tecnología y cuidado de los que sufren

Sobre el mundo del trabajo, León XIV volvió a la enseñanza de la encíclica Laborem exercens: el trabajo está en función del hombre, y no el hombre en función del trabajo. Frente a la digitalización y la inteligencia artificial, pidió que el desarrollo de estas tecnologías amplíe las capacidades humanas y cree nuevas posibilidades, sin reducir nunca a la persona que trabaja a una pieza prescindible del proceso productivo.

El discurso miró también de frente una herida dolorosa del país: el suicidio. El Papa afirmó que, ante esa realidad, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables, y que nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia. Desde su propia experiencia reciente de enfermedad, reclamó que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos. Cerró defendiendo una convivencia en la que creyentes y no creyentes puedan vivir con libertad y respeto, y encomendó al pueblo uruguayo a Nuestra Señora de los Treinta y Tres.

En la Catedral: rezar y ayunar por las vocaciones

Terminada la visita al presidente en el Edificio José Artigas —donde el intendente de Montevideo le entregó la llave de la ciudad en el camino—, el Papa presidió las Vísperas en la Catedral Metropolitana con los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas. Lo recibieron el cardenal Daniel Sturla, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Milton Tróccoli, y el párroco, padre Juan González.

A partir del Salmo 134, que desenmascara a los ídolos que no ven, no oyen ni hablan, el Santo Padre invitó a preguntarse dónde está puesto el corazón, porque cada uno termina pareciéndose a aquello que ama. De ahí su frase central: uno de los secretos de la evangelización es parecernos a Aquel a quien anunciamos. Evocó al beato Jacinto Vera, cuyo cuerpo descansa en esa catedral, del que una religiosa contemporánea decía que, de verlo, parecía estar siempre en oración.

Y lanzó el anuncio de mayor alcance de la jornada: recordó que en 2024 el seminario interdiocesano uruguayo no recibió ningún candidato, y que entonces muchos fieles comenzaron a unirse en jornadas de oración y ayuno para pedir al Señor trabajadores para su mies; hoy, varios jóvenes han comenzado el camino del seminario y de la vida consagrada. Por eso invitó a sus hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, para que las parroquias, las familias y las comunidades religiosas se unan en esa misma súplica.

Gracias y oración

Desde Redención FM damos gracias a Dios por este primer día de gracia en Montevideo. Que el Señor bendiga al pueblo uruguayo que ha recibido al Sucesor de Pedro, sostenga la salud del Papa León XIV en los días que vienen —Paysandú y Florida, y después Argentina y Perú— y haga que su palabra de hoy siembre vida, familia y vocaciones en toda la Iglesia.

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