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Papa León XIV a los jóvenes: «Tengan valor: yo he vencido al mundo»

Jóvenes peregrinos caminan al amanecer hacia una iglesia, portada del mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Juventud

La Santa Sede publicó este martes 3 de noviembre el mensaje del Papa León XIV a los jóvenes de todo el mundo con motivo de la XLI Jornada Mundial de la Juventud. La Jornada se celebrará en las Iglesias particulares el próximo 22 de noviembre, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, y tendrá su gran encuentro internacional en Seúl, Corea del Sur, del 3 al 8 de agosto de 2027. El texto, firmado por el Pontífice el pasado 22 de octubre, memoria de san Juan Pablo II, lleva por lema las palabras de Jesús en la Última Cena: «Tengan valor: ¡yo he vencido al mundo!» (Jn 16,33). Vatican News y EWTN News difundieron el mensaje el mismo día de su publicación oficial.

Ante todo, un gracias: los jóvenes son un don

El Papa abre su mensaje acercándose a los jóvenes y dando gracias a Dios «por el don que son ustedes para la Iglesia y para la sociedad». Recuerda que Dios los conoce, los ama y los acompaña en el camino de la vida, y que el Espíritu Santo suscita en ellos la aspiración a cosas grandes y duraderas, la búsqueda de la libertad y de la verdad, y el deseo de amar y ser amados. Desde esa gratitud, León XIV les confía las palabras de Jesús que guiarán la preparación de los próximos meses, rumbo a la celebración diocesana de noviembre y al encuentro de Seúl.

¿De dónde nace el valor?

El Pontífice no esconde las dificultades de esta generación. Reconoce que en muchos jóvenes, como en los primeros discípulos, pueden predominar la incertidumbre o el miedo: las preguntas y preocupaciones que oprimen el corazón, el temor por el futuro, la presión por tener éxito y parecer perfectos, el estrés de compararse continuamente con los demás o con modelos inalcanzables y artificiales. Habla también de la dificultad de reconocer la propia identidad bajo la influencia de las imágenes construidas por las redes sociales, y de una frase que resume uno de los temas más actuales del mensaje: «la tecnología puede imitar la empatía, pero no sustituye la auténtica cercanía humana». Algunos, añade, conocen la soledad, la desilusión o el temor de no estar a la altura.

Frente a ese panorama, el Papa presenta la imagen evangélica de los discípulos en una pequeña barca que atraviesa el lago en la noche, con el viento en contra y las olas levantándose. En medio de la oscuridad, Jesús sale a su encuentro caminando sobre las aguas y les dice: «Soy yo, no teman» (cf. Jn 6,20). La certeza que León XIV quiere confiar a los jóvenes es esta: antes de que ellos comiencen a buscar a Cristo, Él ya está cerca, caminando sobre las aguas agitadas de la vida. «La valentía cristiana no nace de nuestra fuerza, nace de su presencia», escribe.

Un don antes que una orden: «Yo he vencido»

El corazón teológico del mensaje está en una distinción breve y luminosa: «Cristo no dice: "Vencerán al mundo", dice: "Yo he vencido al mundo"». Esas palabras, explica el Papa, antes que una exhortación son un don: es Jesús quien, con su muerte y resurrección, ha vencido el «mundo de tinieblas» que se resiste a Dios, y ha abierto a la humanidad el camino hacia la felicidad, la justicia y la paz. Por eso el valor cristiano no nace de los propios propósitos ni de la fortaleza del carácter, sino de la confianza en Aquel que nos precede.

Y si Cristo venció amando, la valentía del cristiano no es una valentía «contra» alguien, sino una valentía «por»: por la vida, por la verdad, por la libertad y por la justicia. El Papa la describe con ejemplos muy concretos: «la valentía de ser amables cuando la dureza parece más fácil y resolutiva, la valentía de buscar la paz cuando el enfrentamiento parece más ventajoso, la valentía de custodiar la esperanza cuando el cinismo parece más convincente».

La verdadera victoria no es imponerse, sino entregarse

León XIV desmonta también la idea de victoria que propone «la mentalidad corriente»: ser más fuertes que los demás, imponerse o demostrar continuamente el propio valor. Mirando a Jesús, que se abajó por amor hasta la cruz, el Papa afirma: «la verdadera victoria no es imponerse, sino entregarse». Por eso invita a los jóvenes a no necesitar demostrar lo que valen, ni parecer perfectos, ni esconder sus fragilidades, sus dudas o sus límites: «Tengan el valor de ser auténticos ante Dios y ante los demás». Su dignidad, les recuerda, no nace de la imagen que logran construir de sí mismos: son preciosos porque han sido creados a imagen de Dios, conocidos y amados por Él.

El mensaje añade otra forma de valentía, menos evidente: la de recibir. Frente a la mentalidad que dice que hay que hacerlo todo solos y que cada uno es su propio salvador, el Evangelio propone dejarse salvar por Jesucristo: aceptar la ayuda de los demás, reconocer los propios límites, detenerse, escuchar y confiar la vida a Dios. Y culmina con la escena del Resucitado que, la tarde de Pascua, se pone en medio de los discípulos encerrados por miedo y les dice: «¡La paz esté con ustedes!» (Jn 20,19). «La valentía cristiana nace de la presencia del Señor resucitado, que perdona y envía», escribe el Pontífice; en ese valor, a pesar de las heridas, «el miedo no tiene la última palabra».

Camino a Seúl: «No se conformen con una vida más pequeña»

Mirando al encuentro internacional de 2027, el Papa invita a los jóvenes a llevar a Cristo sus preguntas y sus heridas, incluso las que desgarran a sus sociedades y enfrentan a sus países, y a llevarle también «esta creación que gime y sufre, el grito de la tierra y de los pobres». Hace suyas las palabras con las que san Juan Pablo II comenzó su pontificado —«¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!»— y les pide no esperar a ser perfectos para abrirse a Él: «no se conformen con una vida más pequeña de aquella a la que Cristo los llama».

El mensaje se cierra con una promesa y una encomienda. «Queridos jóvenes: deseo vivamente encontrarme con ustedes en Seúl. Pero recuerden: el Señor al que allí encontraremos ya ha salido a encontrarse con ustedes», escribe León XIV, antes de encomendar a cada joven a la intercesión maternal de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. El mensaje llega a tres días de que el Papa inicie, este viernes 6 de noviembre, su viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú: también allí, como en Seúl, la Iglesia joven de América Latina escuchará de cerca esta misma invitación a tener valor, porque Cristo ya venció al mundo y su paz sigue saliendo al encuentro de cada corazón.

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