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Papa León XIV: «Orar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida»

Cúpula de la Basílica de San Pedro al amanecer con palomas blancas, portada sobre la Misa del Papa León XIV por los cardenales y obispos difuntos

El Papa León XIV presidió este jueves 5 de noviembre, en la Basílica de San Pedro, la Santa Misa en sufragio por los cardenales y obispos fallecidos durante el último año, una celebración en la que encomendó a la misericordia de Dios a siete cardenales y 136 obispos que partieron entre octubre de 2025 y octubre de 2026, y dejó una frase que resume toda su homilía: «¡Orar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida!».

La última gran celebración antes del viaje a Sudamérica

La Misa, celebrada en la mañana de este jueves en el corazón de la cristiandad, fue la última gran cita litúrgica del Pontífice antes de emprender mañana, viernes 6 de noviembre, su viaje apostólico a Sudamérica, que lo llevará a Uruguay, Argentina y Perú hasta el 17 de noviembre. En vísperas de esa partida, León XIV quiso detenerse ante el altar para recordar a los pastores que sirvieron a la Iglesia y ya han sido llamados a la casa del Padre.

Al comenzar su homilía, el Santo Padre partió de las palabras de Jesús en el Evangelio: «El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor» (Jn 12,26). Esas palabras —dijo— interpelan nuestro corazón y nos llaman a seguir al Señor por el camino que Él recorrió, el camino de la gloria a través de la cruz, un camino en el que no faltan pruebas ni sufrimientos, pero en el que nos guía y nos sostiene una promesa: la de una comunión sobre la que la muerte no tiene poder.

«Si hemos muerto con él, viviremos con él»

Quien sigue a Cristo —explicó el Papa— se convierte en su servidor y estará siempre donde Él esté, precisamente porque ha seguido su camino. Por eso recordó la palabra de san Pablo: «Si hemos muerto con él, viviremos con él» (2 Tm 2,11). Y añadió: «Esta certeza de fe y de esperanza anima nuestra celebración en sufragio por los cardenales y de los obispos que nos han dejado durante el pasado año, por quienes queremos rezar al Señor para pedirle que recompense a sus siervos fieles».

León XIV evocó también a santa Mónica, que despidiéndose de sus hijos Agustín y Navigio, poco antes de morir, les dijo: «Solamente os ruego que os acordéis de mí ante el altar del Señor doquiera que os hallareis» (Confesiones, IX, 11, 27). A partir de ese recuerdo, el Pontífice subrayó que el misterio de la muerte está unido a la oración por los difuntos, que la Iglesia, desde sus orígenes, siempre ha practicado como uno de sus deberes fundamentales.

Dos verdades: la resurrección y la comunión de los santos

La homilía se detuvo en dos verdades que iluminan la oración por quienes ya partieron: la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos. Con la primera lectura, tomada del segundo libro de los Macabeos (2 M 12,43-46), el Papa recordó el gesto de Judas Macabeo, que encomendó a la misericordia de Dios a sus compañeros caídos e hizo ofrecer por ellos un sacrificio, «con la firme esperanza de que los muertos iban a resucitar». Recordar a nuestros hermanos difuntos ante el altar del Señor —enseñó— se basa en la promesa de que nuestra vida, en Cristo, no se pierde, porque ha sido redimida.

Y llegó entonces la frase central de la mañana: «Rezar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida. Sobre todo, la vida resucitada de Cristo el Señor, y por gracia suya la nuestra, que en Él resurge. El sacrificio eucarístico es el memorial de su Pascua, mediante la cual nos ha salvado entregándose a sí mismo por nosotros». Por eso pidió: «No dejemos que el recuerdo de los difuntos se reduzca a mera nostalgia: en la fe meditemos sobre el misterio de la muerte sin miedo, porque el Señor está vivo, nos espera y ya ha preparado un lugar para nosotros en la casa de su Padre» (cf. Jn 14,2-3).

Oramos por ellos, pero también con ellos

Sobre la comunión de los santos, León XIV explicó que cuando oramos por los difuntos lo hacemos no solo por ellos, sino también con ellos, implicados en una reciprocidad que el Espíritu Santo vivifica en nuestros corazones. La Iglesia es misterio de comunión entre Cristo, la cabeza, y nosotros, sus miembros; de Él recibimos la vida, y esa comunión une a los espíritus bienaventurados que ya contemplan el rostro de Dios con todos los que, en el cielo o en la tierra, están en camino hacia la meta luminosa.

«En Cristo la muerte no deshace los vínculos, sino que los transfigura en una nueva dimensión, que se comprende solo en el misterio de su amor entregado hasta el fin en la cruz y derramado después de la victoria pascual», afirmó el Santo Padre. Y cerró invitando a custodiar y cultivar siempre esa comunión, acogiendo en la Santa Eucaristía la caridad del Señor resucitado, para que cuando llegue nuestra hora podamos también nosotros recibir el sufragio de los hermanos peregrinos y gozar con todos los santos de la alegría de la patria celestial.

Oración por los pastores difuntos

Desde Redención FM nos unimos a la oración del Santo Padre por los siete cardenales y los 136 obispos fallecidos en este último año, y por todos nuestros seres queridos difuntos. Que el Señor recompense a sus siervos fieles, consuele a quienes lloran una ausencia y renueve en cada hogar la certeza que hoy León XIV proclamó en San Pedro: en Cristo, la muerte no tiene la última palabra, porque orar por los difuntos es celebrar la vida que resucita en Él.

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