Buscar este blog

Dale "Play"

Redención FM
En vivo • Música • Evangelio • Oración

Bit rate: , Listeners: of

Hay abrazos que no vuelven dos veces


Todos los días salía de casa antes de que amaneciera.

Trabajaba horas extras, aceptaba turnos que nadie quería y casi nunca descansaba. Cuando sus amigos le preguntaban por qué trabajaba tanto, siempre respondía lo mismo:

—Quiero darle una mejor vida a mi mamá.

Ella lo llamaba casi todas las noches.

—Hijo, ¿cuándo vienes? Hace días que no te veo.

Él sonreía y respondía con cariño:

—La próxima semana, mamá. Te lo prometo.

Pero la próxima semana siempre traía más trabajo, más cuentas por pagar y más excusas.

Los meses fueron pasando.

Ella nunca dejó de llamarlo.

Nunca dejó de preguntarle cómo estaba.

Nunca dejó de decirle que lo quería.

Hasta que un martes, el teléfono volvió a sonar.

Él sonrió al ver una llamada desde su pueblo.

Pensó que era ella.

Pero al contestar, escuchó una voz diferente.

—Lo sentimos mucho…

Sintió que el mundo se detuvo.

Condujo durante horas con la esperanza de llegar a tiempo, aunque en el fondo sabía que ya era tarde.

Cuando entró a la casa, todo estaba en silencio.

Sobre la mesa había una pequeña bolsa.

Su tía se la entregó.

—Tu mamá la compró ayer. Dijo que eran tus dulces favoritos porque pensaba que vendrías este fin de semana.

Él abrió la bolsa.

Eran exactamente los mismos dulces que ella le compraba cuando era un niño.

No pudo contener las lágrimas.

Se dio cuenta de que había trabajado incansablemente para darle una vida mejor, pero había olvidado regalarle lo único que ella realmente quería.

Su tiempo.

Ese día entendió que el amor no siempre necesita grandes regalos.

A veces necesita una visita.

Una conversación.

Un abrazo.

O simplemente sentarse unos minutos junto a quien siempre estuvo para ti.

Desde entonces, hizo una promesa que nunca volvió a romper.

Cada vez que una persona importante le decía:

—Después nos vemos.

Él respondía:

—Si Dios lo permite… mejor nos vemos hoy.

Porque aprendió demasiado tarde que el tiempo no avisa cuándo será la última oportunidad.

Si todavía tienes a tu mamá, a tu papá, a tus abuelos o a esa persona que siempre ha estado para ti, no esperes una ocasión especial para demostrarle cuánto la amas.

Llámala.

Visítala.

Abrázala.

Porque llegará un día en que darías cualquier cosa por escuchar una vez más su voz.

Si esta historia tocó tu corazón, compártela. Nunca sabes quién necesita recordar hoy que el tiempo con quienes amamos es el regalo más valioso que tenemos.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario