Un mensaje claro, pronunciado en un día de memoria. La mañana de este jueves 22 de octubre, en la Sala del Consistorio del Vaticano, el Papa León XIV recibió a una delegación de 40 miembros del Comité Judío Estadounidense y reafirmó, sin rodeos, una convicción que atraviesa todo su pontificado: la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate apoyada en el propio Evangelio.
El encuentro no fue un gesto protocolar más. Llegó en la fiesta litúrgica de san Juan Pablo II, el Papa polaco que tendió puentes históricos con el pueblo judío, y a pocos días de cumplirse el sexagésimo aniversario de la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, el documento que cambió para siempre la mirada católica hacia el judaísmo. Desde Redención FM les contamos qué dijo exactamente el Santo Padre, según el texto oficial publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
«La Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate»
La frase central del saludo papal fue directa. León XIV recordó que, con ocasión del aniversario de Nostra aetate, ya había afirmado que «la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate, en razón del Evangelio mismo», palabras que pronunció en la audiencia general del 29 de octubre de 2025 y que hoy volvió a poner sobre la mesa ante sus invitados.
El Pontífice añadió una advertencia que suena a examen de conciencia para todos: las diferencias de opinión, por profundas que sean, nunca deben dar lugar a prejuicios ni a hostilidad, porque esas actitudes socavan los fundamentos morales de la sociedad. No se trata, explicó en el fondo de su mensaje, de negar que existan desacuerdos —en la fe, en la política, en la historia—, sino de impedir que el desacuerdo se convierta en desprecio hacia las personas.
El rechazo, subrayó, alcanza a toda forma de odio y de discriminación por motivos religiosos o étnicos. Es, dijo, una parte esencial del compromiso común que nace de la herencia espiritual compartida entre judíos y católicos.
Un encuentro en el día de san Juan Pablo II
León XIV quiso situar la audiencia bajo una luz muy concreta: la memoria de su predecesor. «Es un placer darles la bienvenida al Vaticano en este día en que la Iglesia recuerda de manera especial a mi amado predecesor, san Juan Pablo II, cuya labor contribuyó enormemente a fomentar la amistad entre judíos y católicos», dijo al abrir el encuentro.
Y rescató una cita precisa de aquel Papa. Al dirigirse a la Junta de Gobernadores del propio Comité Judío Estadounidense el 6 de febrero de 1995, Juan Pablo II había observado que «el diálogo entre cristianos y judíos debe encontrar una expresión elocuente en la vida de ambas comunidades». Tres décadas después, León XIV aseguró que esas palabras siguen siendo plenamente pertinentes y agradeció a quienes continúan construyendo relaciones fundadas en la sinceridad y el respeto mutuo entre ambas comunidades.
El contexto ayuda a entender el peso del gesto: este mismo jueves, en la Basílica de San Pedro, cientos de peregrinos —muchos de ellos polacos— participaron en la Misa en la tumba de san Juan Pablo II por su memoria litúrgica, una celebración en la que también se pidió el don de la paz para un mundo marcado por la guerra. La audiencia de la mañana y la oración en la basílica hablaron, cada una a su modo, del mismo legado.
Qué es el Comité Judío Estadounidense y por qué importa este diálogo
El American Jewish Committee, conocido por sus siglas AJC, es una de las organizaciones judías más antiguas e influyentes de Estados Unidos. Desde hace décadas mantiene un trabajo sostenido de diálogo y cooperación con la Iglesia católica, un camino que se fortaleció tras el Concilio Vaticano II y que ha producido encuentros, documentos y gestos públicos de cercanía en momentos difíciles.
Ese historial es el que el Papa quiso reconocer. Arraigada en una herencia espiritual compartida, explicó, esta amistad llama a ambas comunidades a tareas muy concretas: defender la dignidad humana, servir a los pobres, proteger la libertad religiosa y promover la justicia y la paz. El diálogo, en esta visión, no se queda en las palabras bonitas de una sala vaticana: se verifica en el servicio a los demás.
Para los católicos de habla hispana, el tema no es lejano. En nuestras ciudades conviven parroquias, sinagogas y comunidades de distintas tradiciones, y la manera en que nos tratamos —en la calle, en la escuela, en las redes sociales— dice mucho de la fe que decimos profesar.
Nostra aetate: el documento que cumple 60 años
Detrás de todo el encuentro está un texto breve y decisivo. La declaración Nostra aetate, promulgada por el Concilio Vaticano II, rechazó toda discriminación y enseñó que la Iglesia mira con estima a los fieles de otras religiones, reconociendo en el pueblo judío un vínculo singular: de él nacieron Cristo según la carne, la Virgen María y los apóstoles.
Al cumplirse sesenta años de aquel documento, León XIV lo ha citado en varias ocasiones como brújula. Su mensaje de hoy confirma esa línea: el combate contra el antisemitismo no es para la Iglesia una opción diplomática, sino una exigencia que nace del Evangelio mismo. Cuando un católico desprecia a un judío por ser judío, no está defendiendo su fe: la está contradiciendo.
El Papa cerró ese razonamiento mirando más lejos. En un mundo herido por la violencia y la desconfianza, dijo, el compromiso con la fraternidad reviste una urgencia particular, y el testimonio de esa fraternidad, manifestado con gestos concretos, contribuirá a construir un mundo más pacífico, «como lo desean en lo más profundo de su corazón todos los hombres y mujeres de buena voluntad».
Un cierre breve y elocuente: «¡Shalom!»
El saludo terminó como empiezan las buenas conversaciones: con gratitud y con oración. León XIV agradeció una vez más la visita a sus invitados y les aseguró su oración. Y se despidió con una sola palabra en hebreo, cargada de significado: «¡Shalom!» — paz.
Esa palabra resume el espíritu de la jornada. Después de los días de preocupación por su salud —la cirugía del 13 de octubre, el alta del Gemelli y la confirmación de ayer de que no necesitará tratamiento adicional—, el Pontífice va retomando su agenda ordinaria y la emplea también para esto: sembrar puentes donde otros siembran muros.
Desde Redención FM invitamos a nuestros oyentes y lectores a hacer suya esta enseñanza en lo cotidiano: revisar el lenguaje con el que hablamos de los demás, rechazar los chistes y mensajes que humillan a cualquier persona por su fe o su origen, y rezar por la paz en las tierras y ciudades heridas por el odio. La fraternidad que el Papa pide no empieza en los grandes salones: empieza en casa, en la parroquia y en el barrio.
Seguiremos informando, solo con fuentes verificadas del Vaticano, de cada paso de este camino de diálogo del Papa León XIV.
Por Redención FM

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