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Seis nuevos venerables: León XIV reconoce las virtudes heroicas de seis siervos de Dios

Interior de una basílica con velas encendidas y luz dorada en honor a los seis nuevos venerables reconocidos por el Papa León XIV

La Iglesia tiene desde hoy seis nuevos ejemplos de santidad para mirar de cerca. Este sábado 24 de octubre, el Papa León XIV autorizó la promulgación de los decretos que reconocen las virtudes heroicas de seis siervos de Dios, que desde ahora reciben el título de venerables.

En Redención FM te contamos quiénes son, de dónde vienen y por qué su vida sigue hablando hoy: dos obispos misioneros que entregaron su vida en Perú y en la India, una laica argentina que vivió el Evangelio en el momento presente, dos sacerdotes italianos entregados a los más necesitados y un fraile capuchino, hijo espiritual de san Pío de Pietrelcina.

Una audiencia en el Vaticano y seis decretos para la Iglesia

La decisión se tomó durante la audiencia que el Santo Padre concedió este sábado al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, según informó Vatican News. Al autorizar estos decretos, la Iglesia reconoce oficialmente que estos seis siervos de Dios vivieron las virtudes cristianas en grado heroico.

Ser declarado venerable es un paso decisivo en el camino hacia los altares. No significa todavía que sean beatos o santos: para la beatificación, salvo en el caso de los mártires, la Iglesia pedirá después el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión. Pero sí significa que su vida ya puede proponerse a todos los fieles como un camino concreto y creíble de seguimiento de Cristo.

Los seis nombres que hoy se suman a esa lista son Friedrich Kaiser Depel, Oreste Marengo, Margarita Bavosi, Domenico Pogliani, Alessandro Vitetti y Daniele de San Giovanni Rotondo. Seis historias muy distintas, en tres continentes y en épocas diferentes, unidas por una misma entrega.

Friedrich Kaiser Depel, el obispo que llevó la Biblia a los Andes del Perú

El primero de los nuevos venerables nació en 1903 en Dülmen, Alemania, en una familia profundamente católica. Ingresó joven en la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, fue ordenado sacerdote en 1932 y en 1939 fue enviado como misionero al Perú, donde pasaría el resto de su vida.

Allí trabajó como formador y párroco, y en 1957 Pío XII lo nombró primer prelado de Caravelí. Tras el terremoto de 1960 ayudó a asegurar el agua y a reconstruir la catedral. Al ver la escasez de sacerdotes en los Andes, fundó en 1961 las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

Participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II y murió en Lima en 1993. Su amor por la Palabra de Dios fue tan constante que en el Perú se le recuerda como el iniciador de la Biblia en el país: un obispo misionero que entendió que evangelizar es también poner la Escritura al alcance del pueblo.

Oreste Marengo, el salesiano que se hizo uno más en la India

El segundo obispo venerable es Oreste Marengo, salesiano italiano nacido en 1906 en una familia campesina. A los 13 años comenzó su formación con los hijos de Don Bosco y a los 17 partió hacia la India, a la región nororiental, junto a otros jóvenes novicios.

Allí preparó catecúmenos y acompañó las primeras comunidades católicas. Ordenado en 1932, en 1951 fue el primer obispo de Dibrugarh. Después guió Tezpur, fue administrador de Tura, abrió centros misioneros y acogió a quienes huían de la guerra entre la India y Pakistán.

Murió en 1998, rodeado del afecto de la gente a la que entregó 75 años de vida. Su testimonio recuerda que la misión no se impone: se comparte y se hace familia.

Margarita Bavosi, «Luminosa», la laica argentina de los Focolares

Entre los seis venerables hay una sola mujer, y es latinoamericana. Margarita Bavosi nació en Buenos Aires en 1941, hija de inmigrantes italianos. Perdió a su madre a los diez años, estudió Historia y, buscando poner a Dios en el centro de su vida, encontró su vocación en el Movimiento de los Focolares, donde aprendió de su fundadora, Chiara Lubich, el carisma de la unidad.

Por su carácter alegre, espontáneo y optimista, todos la conocían como «Luminosa». Sirvió al movimiento en Argentina, en España y en Uruguay, con una espiritualidad muy sencilla y muy exigente a la vez: vivir el Evangelio en el momento presente, sin esperar a mañana para amar.

Una fibrosis pulmonar atípica la llevó a la muerte en 1985, con solo 43 años. Chiara Lubich resumió su vida diciendo que, impregnada de amor evangélico vivido en el presente, había sido una rápida carrera hacia Dios. Su reconocimiento como venerable es también una palabra de aliento para tantos laicos que buscan la santidad en la vida ordinaria.

Domenico Pogliani y Alessandro Vitetti, sacerdotes cercanos a los que sufren

Dos de los nuevos venerables fueron sacerdotes diocesanos italianos, separados por casi un siglo, pero unidos por la misma cercanía a los necesitados. Domenico Pogliani, milanés nacido en 1838 y sacerdote desde 1861, fue párroco en Cesano Boscone, donde impulsó una guardería infantil, un oratorio femenino y un centro de asistencia que durante la Primera Guerra Mundial llegó a acoger a 400 personas, incluidos jóvenes con discapacidad. Murió en 1921 y su tumba se convirtió pronto en lugar de oración.

Alessandro Vitetti, por su parte, nació en 1915 en Calabria y fue sacerdote desde 1940. En la diócesis de Rossano-Cariati desempeñó numerosos servicios, fue muy buscado como confesor y acompañante espiritual y se distinguió durante la Segunda Guerra Mundial por su atención a los más pobres. Al final de su vida, la diabetes lo dejó ciego e inmóvil, y afrontó ese sufrimiento con una frase que resume su fe: «No veo, no siento, pero creo». Murió en 1995.

Fray Daniele, el capuchino hijo espiritual del Padre Pío

El sexto venerable es quizá el de historia más entrañable para los devotos de san Pío de Pietrelcina. Fray Daniele, de nombre Michele Natale, nació en 1919 en el mismo San Giovanni Rotondo, trabajó de niño como pastor y a los 14 años sintió la vocación capuchina tras encontrarse con el Padre Pío, que lo bendijo y lo animó a seguir adelante.

Eligió ser hermano laico, sirvió como sacristán y portero, y estrechó cada vez más su vínculo con el santo de los estigmas, de quien fue hijo espiritual. Durante los bombardeos de 1943 en Foggia socorrió a heridos y ayudó a enterrar a los muertos. Después de la muerte del Padre Pío, y a pesar de sus muchas enfermedades, se dedicó a difundir los grupos de oración en Italia y en el extranjero. Murió en 1994, con la sonrisa alegre que lo había caracterizado desde niño.

Qué significa este reconocimiento para los fieles

Cuando la Iglesia proclama venerable a un siervo de Dios, no está premiando una biografía perfecta: está señalando una vida en la que la gracia de Dios se hizo visible de forma heroica y constante. En estos seis nuevos venerables hay misioneros, obispos, sacerdotes, una laica y un fraile humilde; hay quien cruzó océanos y quien nunca salió de su pueblo; hay quien murió centenario en el servicio y quien entregó su vida a los 43 años.

Esa variedad es el mensaje: la santidad no tiene un solo molde ni está reservada a unos pocos. El Señor sigue llamando a cada uno en su propio camino.

Desde Redención FM damos gracias a Dios por estos seis nuevos venerables y pedimos su intercesión por las misiones, por América Latina, por los laicos y por todos los que hoy buscan un ejemplo cercano para seguir a Cristo con alegría. Que su testimonio nos anime a vivir también nosotros, en el momento presente, con la fe sencilla y valiente que ellos vivieron.

Por Redención FM

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